Invertir

“Quiero empezar a invertir”. Es una pregunta/intención/afirmación/propósito/etc… que seguro hemos encontrado en sitios como Reddit o escuchado a más de una persona (incluidos nosotros mismos) hacer. Entonces las respuestas y su mente empiezan a volar pensando en cuál acción van a comprar, que si esta criptomoneda que me han dicho en el trabajo, “pues en algo de IA, ¿no?”, “es que Nu ya no da tanto en sus cajitas, Plata te da el 15%, ¿pero será seguro?”, “Cetesdirecto, es lo más seguro”, “Índices, no te compliques”, etc…

Todas estas opciones/opiniones son válidas, pero pueden ser buenas o no tan buenas dependiendo de circunstancias particulares de cada persona que debemos de valorar antes de pensar en meter nuestro dinero en una u otra opción. ¿Cuáles circunstancias? Podemos irnos tan profundo como queramos pero aquí nos enfocaremos en 3 básicas para construir un perfil de inversión: Objetivo, Riesgo, Plazo.

Objetivo

“¿Para qué quiero esta inversión?” Es una pregunta tan obvia que muchas veces nos olvidamos de hacerla antes de empezar una inversión (o cualquier cosa) y ya cuando nos la hacemos, nos damos cuenta que la respuesta no era tan obvia como parecía o que se necesita matizar para que nos sea útil y no quede en una ambigüedad difícil de ejecutar o se vuelva irrelevante.

El objetivo lo podemos determinar de manera cualitativa (“para el viaje con mis amigos”, “para mi retiro“) pero es esencial que lo aterricemos a una parte cuantitativa (“cuando llegue a $100K”, “un 10% anual”) para poder medir su progreso a través del tiempo. Combinar ambas dimensiones nos hará visualizar de mejor manera tanto el propósito como sus implicaciones.

Ya definiste tu objetivo tanto cualitativa como cuantitativamente, entonces…ya está, ¿no? Bueno, seguramente volverás a revisarlo antes de empezar a invertir, pero eso ya lo veremos más adelante. Ahora vamos al siguiente punto: Riesgo

Riesgo

¿Cuánto quieres ganar?…“Pues lo más que se pueda”...obvio, ¿no?. El problema es cuando nos damos cuenta que “ganar lo más que se pueda” va a implicar llevar el riesgo asumido al extremo. Muy bien. Pero…¿y cuál es ese riesgo que estás asumiendo? Si no lo sabemos, el invertir se volverá un dolor de cabeza y producirá mucho más malestar que bienestar (y ni siquiera estamos hablando de si consigues tu objetivo o no).

Si bien rara vez los riesgos en los activos son simétricos (o sea, que ganan tanto como pierden), sí es importante definir límites en cuanto al peor escenario que estaríamos dispuestos a asumir para nuestra inversión. Puede ser desde algo sencillo de entender como una pérdida máxima que estás dispuesto a asumir (en $ o %), volatilidad (rango de movimiento total) o diferencial máximo en los rendimientos contra un benchmark (índice generalmente) hasta métricas más complejas como volatilidad negativa (rango de movimiento cuando baja), beta, CAPM, ratios (Sharpe, Sortino, Treynor, etc…), entre otras.

Un punto de referencia cualitativo que podemos usar para contextualizar en algo fácil de entender antes de irnos a los números y cálculos es, “el riesgo que me permita dormir tranquilo por las noches”. Si estás asumiendo un riesgo que te va a estar comiendo la cabeza durante el día y no te deje dormir por las noches pensando en si va a pasar o no…no lo tomes, no vale la pena. Las inversiones son para incrementar nuestro bienestar, no al revés.

Con lo anterior, seguramente regresarás al punto del objetivo de tu inversión y valorar si el riesgo que estás dispuesto a asumir hace sentido con él o de plano tienes que ajustarlo a algo más realista. No te preocupes, es normal y hasta necesario hacer ajustes pero de otra manera probablemente no te hubieras dado cuenta de ello.

Ahora vamos al Plazo.

Plazo

Como todo en esta vida, un objetivo necesita tiempo para su consecución y las inversiones no son la excepción a esta regla. El plazo de maduración que le demos a nuestra estrategia de inversión para poder conseguir los objetivos planteados es esencial para una correcta medición del progreso y sobre todo, para recordarnos los compromisos que adquirimos con nosotros mismos tanto en momentos buenos para no sobre entusiasmarnos (¿cuántas veces hemos escuchado el “me fue bien, le meteré el doble” al cabo de un mes de invertir?) como en momentos complicados para no tirar todo por la borda (mismo tiempo pero con un “no, mejor me salgo, no me fue bien”).

Tener claro que hemos decidido participar en un juego de corto, mediano o largo plazo nos ayudará en la toma de decisiones tanto al inicio como durante la vida de nuestra inversión. Como nosotros siempre solemos decir, “una inversión puede ser buena o mala si la dejas el tiempo suficiente”, así que el plazo juega un papel fundamental en la selección de activos, gestión del riesgo y consecución del objetivo. Un objetivo con un riesgo asumido sin un plazo determinado es como emprender un viaje sin saber cuándo tendríamos que llegar a nuestro destino.

Objetivo, Riesgo y Plazo como un todo

Al describir y desglosar nuestras 3 circunstancias básicas, nos daremos cuenta que no pueden actuar como elementos independientes, se necesitan entre sí para darse sentido y utilidad. De nada nos sirve un objetivo y un riesgo si el plazo los vuelve irrealizables o simplemente algo muy optimista/pesimista que nos haga perder tiempo y dinero.

Y al estar invariablemente entrelazados los 3, es lo mismo independientemente de cuál de los 3 tomemos de referencia, uno va a depender de los otros y los otros de uno, así que más vale tomarnos el tiempo necesario para que estas 3 circunstancias sean un fiel reflejo de nuestros compromisos y expectativas dentro de la realidad de los activos y mercados a los que podemos tener acceso, priorizando el sentido común y el conocimiento sobre nuestros impulsos (ya saben…“si algo es demasiado bueno para ser verdad…no lo es”).

La determinación de nuestro objetivo, riesgo y plazo no debe de agobiarnos ni tomarlo simplemente como un “checkbox” donde ponemos lo que sea sólo para tenerlo hecho y pasar a lo siguiente. Entender y ser asertivos en estas 3 circunstancias, presentará los cimientos donde iremos construyendo nuestra estrategia de inversión, sin ellos será imposible, sería una acumulación de activos, riesgos y buenos deseos que podrían ser para ti, para alguien más o para nadie, ya que no existiría un contexto y entorno sobre el cuál situarlos.

Una vez determinado esto, ahora sí, puedes empezar a pensar en activos, cantidades, plataformas, etc…y si no tienes idea por dónde empezar al construir un portafolio de acciones, puedes dar click aquí y darte una vuelta por nuestras estrategias para valorar si se ajustan a tus circunstancias personales y puedan formar parte de tu estrategia global de inversión. Una ayuda nunca está de más.

Si llegaste hasta acá, mucho éxito con tus inversiones, estás dando los pasos correctos.